Oh, vaya. Enhorabuena a este padre por reconocer: “Grito, y no quiero ser un gritón”.”
Inicialmente me vienen a la mente dos cosas. La primera es que, al ser consciente de ello, tu probabilidad de generar un cambio aumenta: estás reconociendo y asumiendo que no quieres ser así como padre. Es una gran señal. Ahora vamos a proporcionar herramientas.
Cada vez que quieres gritar, es probable que haya algo más en tu vida. No es necesariamente lo que observas en tu hijo: hay algo dentro de ti que necesita atención. Así que te invito a que des un paso atrás y analices: ¿Por qué estoy gritando? ¿A qué se debe?
La comprensión de tu propio comportamiento es realmente importante. Piense en la última vez que se encontró gritando y haga un sencillo ejercicio: ¿Qué estaba experimentando? ¿Por qué era tan importante para mí? ¿Cómo lo comuniqué?
El ejercicio “qué, por qué, cómo” te ayuda a evaluarte a ti mismo:
¿Qué sentía?
¿Por qué era tan importante?
¿Cuál es la mejor manera de comunicarlo?
Este proceso le ayuda a darse cuenta de que el comportamiento de su hijo puede haber desencadenado sentimientos: ansiedad, preocupación, o sentirse menospreciado o poco importante. A veces los gritos provienen de la “vergüenza paterna”, que nos hace sentirnos inadecuados por lo que nuestros hijos han hecho o dejado de hacer.
Por ejemplo, cuando le pides a tu hijo que lave los platos o limpie su habitación y no lo hace, es posible que acabes gritándole, no sólo para que te entienda, sino porque su comportamiento te ha hecho sentir que no le escuchas o que eres un “mal padre”.”
A menudo, esta respuesta proviene de un comportamiento aprendido: tal vez los gritos eran habituales en su familia durante la infancia. Reconocer ese patrón es poderoso. Al decir: “No quiero ser así”, ya estás dando el primer paso para romperlo.
Practica el método “qué, por qué, cómo” cada vez que sientas que aumenta la tensión. Cuando empieces a notar esos signos físicos -la opresión en el pecho o ese aumento de la frustración-, haz una pausa y pregúntate:
¿Qué siento?
¿Por qué me siento así?
¿Cómo quiero responder?
Si lo haces de forma constante a lo largo del tiempo, tu autoconciencia aumentará y tu tendencia a gritar disminuirá considerablemente.