Los estudios demuestran que el tiempo de pantalla y el azúcar afectan directamente a la salud mental de mi hijo. Estoy viendo a mi hijo disociarse, pero al mismo tiempo me dicen que esto es irrelevante.
En lo que respecta al tiempo frente a la pantalla, el azúcar y la intensidad que pueden crear, en términos de disociación, no conozco el vínculo exacto. Desde una perspectiva psicológica, necesitaría más información para abordarlo adecuadamente. Si pudiéramos aclararlo un poco más, creo que podría hablar de ello con más eficacia.
Dicho esto, el tiempo frente a la pantalla y el azúcar tienen similitudes. Las pantallas pueden actuar como un chute de dopamina: buscamos constantemente lo siguiente. El azúcar funciona de forma similar, activando los neurorreceptores y provocando que deseemos más. Con el tiempo, podemos llegar a depender de ella, como si fuera una adicción. Lo mismo ocurre con las pantallas: crean un ciclo en el que sentimos que las necesitamos.
Cuando esta dependencia se convierte en rutina, podemos empezar a disociarnos de la vida porque estamos muy enganchados a estos estímulos.
Una posible solución es ser más consciente del consumo. Ajustar la dieta -por ejemplo, pasar del azúcar procesado a los azúcares naturales de la fruta y la verdura- podría ser beneficioso. Le sugiero que experimente para ver cómo responde su hijo. No se trata de eliminar por completo el azúcar, sino de introducirlo de una forma más sana siempre que sea posible.
Para una orientación más específica, puede ser útil consultar a un dietista o nutricionista para explorar los alimentos que pueden favorecer la salud mental y reducir los posibles efectos negativos del azúcar y el tiempo frente a la pantalla.