¿Qué hago cuando mi hijo encuentra consuelo en sus dispositivos para ayudarle a sobrellevar la soledad?
Esa es una gran pregunta, porque es muy fácil que los niños recurran a los dispositivos. Estos les proporcionan una vía de escape rápida y cómoda, y no cuesta mucho esfuerzo pasar tiempo con un teléfono o una tableta. Sin embargo, un dispositivo no puede ofrecer lo mismo que un padre o un cuidador.
Aportas algo único a la vida de tu hijo: conversación, interacción, sonrisas, contacto visual, abrazos y, simplemente, tu presencia. No podemos pasar por alto el poder de las relaciones humanas. Las necesidades básicas del ser humano se satisfacen a través de las relaciones, el contacto físico, las experiencias compartidas y la presencia emocional.
Un dispositivo puede servir como estrategia para lidiar con la soledad, pero los papás pueden ofrecerles alternativas significativas con delicadeza. Invitar a un niño a tomar un helado, dar un paseo, hacer una excursión, ir a la piscina o pasar tiempo haciendo algo juntos crea recuerdos imborrables. Estas experiencias compartidas suelen convertirse en momentos que los niños aprecian durante toda su vida.
Centrarse en rutinas sencillas y cotidianas puede fortalecer la conexión. Por ejemplo, cuando recojo a mi hijo de su trabajo como socorrista, a veces le pregunto si quiere que paremos a tomar algo juntos. Durante esos pocos minutos, hablamos de sus experiencias, sus amistades, sus retos y cómo le va en la escuela.
Estas conversaciones no tienen por qué ser largas. Incluso las interacciones breves pueden contribuir en gran medida a construir relaciones significativas y duraderas. Mi esperanza como padre es crear una conexión en la que mis hijos sientan que pueden acudir a mí en cualquier momento y compartir abiertamente lo que están viviendo.