Entre uno y dos años, los niños comienzan a experimentar emociones intensas, pero carecen del lenguaje y la lógica necesarios para gestionarlas, lo que hace que la frustración, las rabietas y la posesividad, como decir “mío”, sean completamente normales.
El Dr. Kevin Skinner (LMFT, CSAT-S, EMDR), terapeuta matrimonial y familiar certificado, explica que distraerlos con delicadeza, acariciarlos para tranquilizarlos, sentarse cerca de ellos y usar una voz tranquila y melodiosa al leerles o cantarles puede ayudar a los niños pequeños a regularse y recuperarse, además de reconocer cuándo simplemente están cansados y necesitan descansar.
Al tranquilizar a los niños pequeños con el tono de voz, el lenguaje corporal y la presencia, los cuidadores les ayudan a sentirse seguros mientras aprenden a calmarse por sí mismos.