¿De qué formas se manifiestan los problemas de imagen corporal en los niños, y cuál es la mejor manera de abordarlos?
En estos momentos nos enfrentamos a un desafío cultural muy real: la dismorfia corporal. Nos cuesta mucho entender cómo es realmente un cuerpo “normal”.
Como sociedad, en general pesamos más que en el pasado. Pero cuando alguien dice: “Estoy gordo”, debemos preguntarnos: ¿de dónde viene esa percepción? ¿Qué determina esa creencia?
¿Cómo definimos si alguien tiene sobrepeso? ¿Con qué nos comparamos?
Las investigaciones han demostrado que tanto los hombres como las mujeres que ven pornografía tienden a tener más problemas con su imagen corporal. ¿Por qué? Porque se comparan con imágenes poco realistas y muy retocadas que no reflejan la vida real.
Si ese tipo de contenido influye en la percepción, ¿qué pasa entonces con la televisión, las redes sociales o plataformas como TikTok, que muestran constantemente determinados tipos de cuerpo? Cuando alguien no se ajusta a esas imágenes, puede empezar a creer que hay algo mal en sí mismo.
Por eso es tan importante ayudar a nuestros hijos a comprender cómo es una versión saludable de sí mismos.
Quizá sería mejor preguntarse: ¿qué te gustaría que tu cuerpo pudiera hacer y que ahora mismo no puede? Por ejemplo: “Me gustaría correr una milla” o “Me gustaría correr una carrera de 5 km”. Genial, entrenemos para eso.
Esto desplaza el enfoque hacia la acción y el crecimiento, en lugar de hacia la comparación.
Lo mismo ocurre con la alimentación. No cambiamos nuestra dieta solo para bajar de peso, ya que ese enfoque rara vez funciona a largo plazo. En cambio, nos enfocamos en mejorar nuestra salud. Ese cambio de mentalidad es mucho más efectivo.
Cuando un niño expresa inquietudes sobre su cuerpo, a menudo esto refleja una creencia más profunda: sentimientos de insuficiencia, como “no soy como los demás” o “algo anda mal en mí”. Eso es lo que realmente debemos abordar.
Pregúntales de dónde viene esa creencia. ¿Creen que es cierta? ¿Por qué? ¿Y cómo puedes apoyarlos?
No porque estés de acuerdo con la crítica, sino porque quieres que se sienta bien consigo mismo. Hazle saber a tu hijo que es importante para ti.
En mi experiencia profesional, he visto lo perjudicial que puede ser que los padres critiquen el físico de sus hijos: los comentarios sobre el peso, la apariencia o los hábitos alimenticios pueden generar un sentimiento de insuficiencia que perdura en el tiempo.
Podemos hacerlo mejor. Podemos dar ejemplo con hábitos saludables, ofrecer alimentos nutritivos y comunicarnos de manera comprensiva.
Lo más importante es que queremos que nuestros hijos sepan que los queremos, que nos preocupamos por ellos y que los apoyaremos ante cualquier desafío que enfrenten.